DATOS DEL EVENTO

  • EMPIEZA
    31-03-2005
  • TERMINA
    01-01-1970

En colaboración con la productora MAESTRANZA FILMS

Una película de BENITO ZAMBRANO

Interpretada por Alberto Joel Garcia, Roberto Sanmartín, Yailene Sierra, Zenia Marabal, Marta Calvó y Rogera Pera

Charla-coloquio con la intervención del director de «Habana blues», Benito Zambrano

SINOPSIS

Ruy y Tito llevan años orquestando en común la melodía de su sueño: convertirse en estrellas de la música. Sus partituras se han convertido en la banda sonora que alumbra las estrechas y apasionadas relaciones del maravilloso grupo de colegas que ambos comparten. Tito vive con su abuela, una gran dama de la música, tan elegante como única. Ruy, en cambio, vive con la madre de sus dos hijos, Caridad, una joven luchadora que sostiene a la familia gracias a la elaboración de artesanías. La pareja combate el crepúsculo de su relación con el luminoso apoyo del mismo grupo de amigos. Pero un buen día, una pareja de productores españoles que ha descubierto hace semanas el extraordinario talento de Ruy y Tito les propone una oferta internacional. De pronto, los dos músicos se verán inmersos en un serio dilema. ¿Estarán dispuestos a dejar sus profundas relaciones atrás para abrazar su sueño?

CURRICULUM BENITO ZAMBRANO

Nacido en Lebrija el 20 de Marzo de 1965

Estudió Arte Dramático en el Instituto de Teatro de la Diputación de Sevilla.
Curso de Iniciación al Análisis del Arte del Cine (EICTV).

Seminario de Alta Definición (Canal Sur TV y Facultad de CC.II. de Sevilla).

Curso de Formación Cinematográfica: “Guiones y Guionistas” (Facultad de CC.II. de Sevilla)

Curso de Introducción a la Escritura Audiovisual (Universidad Internacional Menéndez Pelayo).

Licenciado en Guión y Dirección por la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños (La Habana) CUBA

Filmografía:

Guión y Dirección TRES MINUTOS PARA LA FAMA (Ficción. Vídeo y 16mm. 5´)

Guión y Dirección LOS QUE SE QUEDARON (Documental. Vídeo. 27´)

Guión y Dirección EL ENCANTO DE LA LUNA LLENA (Ficción.35mm. B/N. 30´)

Guión y Dirección SOLAS (largometraje, 35 mm)

CINE CRÍTICA

ANTONIO DOPAZO

Se ha hecho esperar cinco años y aunque no tendrá las mismas repercusiones que su excelente «opera prima», la inolvidable «Solas», este segundo largometraje para la pantalla grande del sevillano Benito Zambrano reafirma la categoría de un cineasta que sabe lo que se trae entre manos. La mirada que nos ofrece de Cuba es siempre cálida y humana, desprende autenticidad y sabor genuino y es una comedia, con fondo dramático, que sin planteamientos políticos pone el dedo en la llaga en las cuestiones que en el aquí y el ahora definen a la isla. Dando una importancia capital a una música que representa el vehículo indispensable con el que se expresa todo un pueblo.

Proyecto alumbrado a mediados de los años noventa, como homenaje de gratitud a la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, cercana a La Habana y donde cursó estudios Zambrano, ha podido finalmente hacerse realidad después de que el realizador culminase su serie de televisión «Padre Coraje». Los aciertos del director fluyen tanto de su conocimiento personal de la realidad cubana como de la participación en el guión del cubano Ernesto Chao. Como decía este último, la intención de ambos ha sido contar la vida tal cual, hablar de la familia cubana, de la dignidad que tiene este pueblo a pesar de los problemas que conlleva pertenecer al tercer mundo y del significado que tiene para un cubano vivir fuera de Cuba.

La historia se vierte a través de las vivencias de dos músicos, Ruy y Tito, que han trabajado juntos desde pequeños y que ahora tienen la oportunidad de su vida, firmar un contrato con una compañía española que los traerá a nuestro país para editar su música y para promocionarlos. Las ilusiones iniciales de tan anhelada perspectiva se vienen en parte abajo, sobre todo para Ruy, al comprobar las condiciones abusivas que se les imponen, no sólo económicas, también políticas. Una circunstancia que divide a los amigos, que interpretan las cosas desde puntos de vista irreconciliables.

Pero junto a este aspecto, la cinta indaga en la realidad social cubana, especialmente en el ámbito familiar, reflejando por un lado los problemas de Ruy con la madre de sus dos hijos, Caridad, una unión que se viene abajo por la inestabilidad personal de él, y por otro las dificultades de salir adelante en un marco en el que la crisis se hace patente en todos los frentes. Sin dejar de lado la obsesión por salir de la isla, con destino a Miami, de forma clandestina, pero reafirmando, asimismo, una dignidad que Ruy evidenciará cuando tratan de lesionar sus derechos y explotar su figura.

Magnífica elección de los actores, con una labor espléndida de los dos protagonistas, Alberto Joel y Roberto Álvarez, arropados por un grupo de nombres casi exclusivamente cubanos que encajan a la perfección en unos seres que desprenden vida. La película se rodó en formato de super 16 mm., ampliada a 35 para su estreno, totalmente en la capital cubana y en Cienfuegos.

BENITO ZAMBRANO VE EN CUBA «UN MATERIAL INAGOTABLE DE HISTORIAS»

CRISTINA MARTÍNEZ

Encontró un país cansado y necesitado de cambios, pero también una población optimista, alegre y llena de vida. Pura contradicción, asegura Benito Zambrano, que volvió a mirar a la cara a Cuba y le arrebató su risa y su llanto para plasmarlo en «Habana blues». Contar cómo, por qué y para qué vivió esta aventura son las preguntas a las que el director andaluz contestará esta tarde, a partir de las 19.30 horas, en el salón de actos del Club INFORMACION, donde posteriormente se proyectará su película.

La cinta transcurre entre la comedia y el drama, entre la búsqueda del éxito y el fracaso amoroso. Con la música como tema de fondo. Todo eso es «Habana blues». Aunque para su director es también algo más porque estudió dos años en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Allí escribió el guión de «Solas», su primera y exitosa película, y también empezó el de la que ahora presenta. «Para mí significa muchas cosas desde el punto de vista emocional, supone cerrar un ciclo con Cuba, hacer un homenaje a la isla y hacerle este regalo a todo lo que allí vi y aprendí. En cuanto a la historia, para mí supuso mostrar una Cuba diferente, la vida de los jóvenes, su dignidad para salir adelante, su aspecto más vital y dinámico».

«Habana blues» comparte estreno con «Looking for Fidel», de Oliver Stone. De éxito relativamente reciente, también salieron de España «Calle 54» de Trueba y el documental «Balseros». Y es que, asegura, «Cuba es un país muy especial, al margen de estar o no estar de acuerdo con su líder, y cinematográficamente tiene un gran decorado, hay mucha vida y es muy atractivo porque vive en un nivel de contradicción único, es un material inagotable de historias».

Jóvenes y cultura. Ese es el binomio que interesó a Zambrano. «Quería jugar con lo que supone la llegada de la gente joven al mundo de la cultura y la creación, y lo hice a través de un chaval que quiere triunfar en la música, algo que resulta muy difícil allí». Tan difícil casi como rodar. «Estudiar en Cuba es estupendo porque la Escuela de Cine es una isla dentro de la isla, hay muchos recursos y puedes hacer lo que quieres, eres un privilegiado. Pero para rodar hay que luchar porque faltan muchas cosas y todo se complica. De pronto hay gente muy buena, que se compromete y trabaja, y luego hay otros que no están preparados».

Lo mejor que ha encontrado en La Habana en este último viaje dice que, «como siempre, la gente, la calidad humana». Lo peor, «que están estancados, no avanzan y van perdiendo la ilusión, el sistema cubano no da la solución que debe dar al pueblo. Ellos quieren y esperan que pase algo».

Desde «Solas» han pasado ya seis años y afirma que ya está olvidado. «Está superado y avanzo en mi camino. No me pesa el éxito que tuvo, sólo por los comentarios que me siguen haciendo de esa película. Lo bueno es que ahora con Habana blues la gente no la compara con Solas porque no tienen nada que ver. Quizá que en las dos hay personajes con problemas de soledad. En esta última porque la soledad mayor es la de amar a alguien y no sentirse correspondido».

Respecto al cine español, «pasa como con todo, hay años mejores y años peores». En su opinión, «los espectadores tienen muchos prejuicios aún para ver cine español, es una cuestión de educación, aunque también es cierto que hay muchos que sí seleccionan las películas españolas».

Seis años más para ver su próximo producción, cree que sería demasiado. «Espero que no, que en un par de años tenga otra cosa entre manos».

FUERA DE GUIÓN

CRISTINA MARTÍNEZ

Yo no hablo nunca de actores buenos o malos. Lo que hay son actores adecuados a cada personaje». Eso, y muchas más cosas, dijo Benito Zambrano en la noche de ayer ante un salón de actos abarrotado de público. Primero, compartió asiento para asistir a la proyección de «Habana blues». Después recibió con entusiasmo la ovación y los aplausos de los asistentes. Saludó, se dejó y querer, y después comenzó a hablar de Cuba, de su vida, de su historia y de sus historias. Hasta de sus inicios en el cine… en el vídeo comunitario de su pueblo.

Zambrano, que arrastra con gusto el éxito de «Solas» y su experiencia en la serie «Padre coraje», dejó claro que aún hoy sigue marcado por los años que vivió en Cuba ?«la colonia que España nunca debió perder», bromea?, cuando estudió en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños entre 1992 y 1994. Allí se gestó «Solas» y también esta «Habana blues». Luego recibió el rechazo de los productores hasta que se cruzó en su vida Antonio Pérez, andaluz como él. «Él vio en ?Solas» lo que otros no vieron, aunque entiendo que era difícil apostar por esa película».

De hecho, «yo quería rodar primero Habana blues, pero las cosas fueron así y me han salido dos cintas muy diferentes. En Cuba me salió la vitalidad y la luz, y en España, como no tenía trabajo, me salió la tristeza y la soledad». Y es que, afirma, «los andaluces siempre somos dos personas, el drama y la comedia».

Asegura que lo fundamental de una película es el guión. Sobre todo de una buena película. «Soy muy pesado con los guiones porque creo que siempre tiene que haber una buena historia para hacer un buen trabajo. Un actor hace bien su trabajo cuando tiene un buen guión entre manos».

Entre el público, una espectadora cubana que expresó su agradecimiento por esta película. «¿Se va a estrenar en Cuba?». Benito Zambrano no lo sabe, pero afirma que es un sueño que tiene que cumplir. «Si hace falta voy y llevo copias piratas a la Habana», bromea.

Y un espectador le apunta que uno de los actores lleva una camiseta de la Costa Blanca. «¿No me digas? Qué curioso, ni me había fijado».

BENITO ZAMBRANO: «LA CLAVE DE MI CINE ES ESCUCHAR»

ÁNGELES CÁCERES

¿Cómo le dio por el cine?

Me dio primero por el teatro. En mi pueblo llegó a haber diez salas de cine, de verano y de invierno, cuando valía 10 pesetas; luego hubo una crisis y cerraron todas. En los años sesenta y pico el Teatro Campesino Lebrijano, hecho por niños hijos de ricos, llevaba el teatro al pueblo. De ahí sale Juan Bernabé, que habría sido uno de los grandes pero murió muy joven. Ahí empezó Salvador Távora, el de La Cuadra de Sevilla. Cuando la comarca del Bajo Guadalquivir era del PC en Lebrija había un núcleo del PT de donde surge el Sindicato Obrero del Campo; mi hermano mayor era de la Joven Guardia Roja. Y yo, con doce o trece años, me colé en la primera Semana de Teatro que vino Távora, y dije: yo quiero hacer esto.

¿Y su familia qué dijo?

No sabían lo que estaba haciendo, incluso cuando fui a Cuba y volví. Yo era el quinto de siete hermanos; con 14 años me interno en un colegio de Sevilla a estudiar FP, soy técnico electrónico y llevo el vídeo comunitario de mi pueblo; arreglábamos radios y televisores y trabajamos los primeros con microchips. Yo estaba en FP por las mañanas, comía, y me iba corriendo por el campo dos kilómetros hasta la escuela de teatro, para aprender a ser director porque me di cuenta de que como actor era muy malo.

Y esa experiencia en interpretación le sirvió para dirigir actores.

No: para escribir. El proceso del guionista o dramaturgo es que el personaje está dentro y él lo saca fuera; el actor sigue el proceso inverso, coge el texto, se lo mete dentro y lo interpreta. Al estudiar interpretación sabes lo que es el ritmo, decir las cosas, lo que es un conflicto en escena, cómo funciona un personaje. Si tú sabes interpretación no escribes cosas que luego no se pueden decir.

En «Solas» nos mostraba el mundo de las mujeres, en «Padre Coraje» el marginal, y en «Habana Blues» una Cuba insólita. ¿Cómo puede comprender a tantos?

Un gran escritor americano dedicado al cine decía que él sabía escuchar. Esa es la clave. Se han hecho muchas cosas sobre Cuba pero muy pocas buenas; en ese terreno desierto con que hagas algo medio bien, ganas. Con el mundo de la mujer y el marginal pasa igual. Es de sentido común, ¿es que las cosas son como se muestran en el cine? ¿A que no? Si es muy fácil: sólo hay que dejar que la gente se exprese, y ya está.

Pero es que usted además sabe transmitir. ¿Eso cómo se logra?

Ni lo sé ni me lo voy a preguntar, necesito para mí mismo también la sorpresa. Son cosas que yo he oído y he visto; recuerdo estar en el campo en los poblados de colonos recogiendo algodón, y un padre con ocho o nueve hijos que iban todos a trabajar y él no hacía ni el huevo, pero era el que cobraba. Y luego se iba a jugárselo a las cartas. Eso se te queda y de pronto, de alguna manera, lo vomitas.

¿Y la ternura, de dónde la saca?

Es consecuencia de querer que las cosas sean mejor de lo que son. Y quizá del deseo de ser uno mejor persona de lo que es. Y es posible que sea una forma de que Benito Zambrano saque afuera, como creador, lo que como persona no es capaz de sacar.

¿Cómo era usted de niño?

Normalito. Y elegí muy pronto la no violencia, no me gustaba ni siquiera jugar a las peleas. Creía en la alegría y la risa, en entenderse.

¿Y sigue creyendo?

Sí. Pero presiento las cosas malas. La noche que se declaró la Guerra del Golfo yo fui a entregar mis fotos en el Correo de Andalucía, sentí que algo iba a pasar y me quedé. A la una de la mañana, intervención en directo y Bush padre dando la noticia. Hice la foto del televisor para que saliera al otro día, y ya me fui.

Cuénteme un momento duro.

Creo que he sido feliz en casi todas las etapas de mi vida, pero si hubiera un año feo es del 97 al 98. Yo volví de Cuba en el 94 con una energía impresionante, y había dejado la etapa de fotógrafo de prensa, ayudante de cámara y cámara en Canal Sur. Me ofrecen ir en la candidatura del PSOE de Lebrija como concejal de juventud y digo no, aunque había tenido gran actividad política desde la adolescencia quería ya hacer mi cine. Pero después de tres años, con casi 30 y viviendo a costa de mis padres habiendo sido toda mi vida un profesional, la energía de Cuba se me estaba agotando. En el 97 Antonio Pérez presenta el guión de «Solas» a la ayuda del Ministerio de Cultura, y no nos la dan. Fue un año negro, sin energías, proyecto ni trabajo, casi me mato en un accidente y me quedo sin el cochecillo que me daba un poco de libertad. Acabo la rehabilitación del cuello, me pongo como loco a buscar trabajo y cuando consigo un curso de guión, en julio del 98 volviendo de la primera clase, me llama el productor: te han dado la subvención.

¿Qué es lo que le decide a hacer una película determinada?

Eso cae en el terreno de lo imprevisible. «Padre coraje» es una historia que te ofrece un productor, tú la coges y la conviertes en tuya. Pero «Solas» o «Habana blues» entran en el terreno de la mística; «Solas» me surgió una noche medio dormido, de pronto empiezan los personajes a hablarme y cobran vida. Si esa noche yo no me levanto a escribirlo, se mueren. Cuando los personajes se presentan hay que coger ese primer impulso sin pensarlo, sin racionalizarlo, y ponerse a escribir. Luego ya viene el oficio.

¿Alguna vez se ha enamorado de un personaje?

Claro. En casi todos hay algo que te engancha y entonces te resulta muy fácil escribir, aunque en ese primer impulso no controlas lo que estás haciendo; es como el tipo que empieza a correr, de pronto mira para atrás y se asombra: ¿ya he hecho tanto camino? Bergman decía que él no podía escribir de personajes a los que no quisiera. Yo pienso igual. Luego viene el oficio y te reconduce. Pero si el primer impulso no te proyecta, el oficio no vale para nada.

Tengo la impresión de que es usted un gran trabajador.

Sí, la vida no me ha dado nada por casualidad. Puede haber gente con gran talento natural, pero eso hay que currárselo. Las cosas tienen que madurar. El cine es un proceso muy costoso y muy largo, y hay que estar preparado para ese ejercicio. Un poema se escribe en un día, pero un equipo que corre el Tour tiene que estar físicamente preparado para superar veintitantas etapas todos los días. Para hacer una película hace falta tener mentalidad de largo recorrido. Resistencia. Y oficio, que es el que te dice: tranquilo, si no surge hoy surgirá mañana.

¿Nunca se ha tropezado con la soledad del corredor del fondo?

Muchas veces. Nos pasa a todos los que nos enfrentamos a una hoja en blanco, y ahí no caben amiguetes, hay que enfrentarla a solas. Necesitamos esa soledad. Y hay que obligar a los demás a que nos la respeten.

Oiga, ¿cuando se anda paseando una peli es posible eso?

Muy difícil. Cuanto más hablas y vas y te mueves, más te cuesta volver a concentrarte. Son estados emocionales, psicológicos y personales diferentes: una cosa es ser escritor, otra productor, otra director, y otra vendedor.

Y usted tiene que ser los cuatro. ¿No se siente llevado y traído?

Eso lo vas a aprendiendo. Con «Solas» yo aprendí que ni éxito, ni halagos ni premios sirven para crear. Para pasar un buen rato y para negociar, sí; pero delante de tu página en blanco, ni las cuarenta mil personas que te han dicho lo bueno que eres, ni todos los Goyas, te sirven de nada.

¿La presión del éxito de «Solas» le ha oprimido al hacer esta peli?

No, porque me la quité con «Padre Coraje»: lo usé como elemento de ruptura. Yo pasé de aficionado a profesional casi sin darme cuenta, me llamaban de todas partes; era imprescindible que yo pudiera reencontrarme y reconocerme para recobrar el equilibrio. Cuando entré en «Habana blues» ya no sentía ninguna presión. Sois los periodistas los que no paráis de presionarme resucitando «Solas», no sé si te das cuenta. Pero uno no construye sobre los premios o las críticas de la película anterior. Ni siquiera sobre la propia película, a no ser que quieras hacer siempre la misma.

Y usted no quiere. Oiga, en esta última usted no se decanta, usa el mismo rasero para el que escoge el exilio y para el que se queda. Nos muestra una Cuba sin mensaje político, ni jineteras, ni trova? ¿Por qué?

Porque hay tantas Cubas como cubanos y yo las amo a todas. Porque no me gustan los clichés, los estereotipos, los lugares comunes, las visiones deformadas. Porque yo cuando hago una peli no quiero ser juez ni parte, quiero mostrar lo que veo para que lo veáis los demás. Y ni siquiera con mis ojos: con los vuestros.
Por ahí asoma el fotógrafo, el cámara; el periodista, en fin. ¿Y si dejamos que asome el hombre?
No sé yo si eso tendrá interés.
Yo sí lo sé: lo tiene. ¿Por qué no me cuenta cuál es la posición de Benito Zambrano en la vida, desde dónde la mira, cuáles son sus valores? Del hombre, digo.
Yo a la gente no tengo nada especial que decirle que no le puedas decir tú, o cualquiera. En estos tiempos en que ya no hay utopía y no te puedes agarrar a nada, lo único en que me queda creer es en que podamos ser mejores personas; que yo pueda ser mejor persona. Y no porque quiera ganarme ningún cielo, sino porque me hace sentir bien el saber que estoy intentando hacer el bien. El creer que cada persona tiene algo bueno dentro y que sacarlo no sólo es posible, sino necesario. A partir de ahí surge el quererse, la ternura, la amistad, la reconciliación con alguien, o con algo.

Y la comunicación.

Sí. Sí, porque uno siente que falta tanto? Y me agarro al Benito Zambrano creador para decir a través de mi obra todo lo que el Benito ciudadano no es capaz de decir, o no acierta, o no sabe. No lo digo en primera persona pero lo hago a través de mis personajes. Yo soy de la opinión que mejor conocer la obra, y olvídate del artista.

Porque la obra queda.

Las personas defraudamos porque somos incapaces de dar más, pero al crear tratamos de llegar más lejos. Déjame con mi pena que ya la llevaré como mejor pueda, y quédate con mi obra por si te ayuda a ser un poco más feliz.

Benito: no hay obra que no se apoye sobre carne. Dígame, ¿cómo reacciona ante una traición?

No tengo conciencia clara de ninguna traición importante. Yo creo que he traicionado más de lo que me han traicionado a mí.

¿Y cómo se siente sabiéndolo?

Mal, porque sé lo traidor que soy a veces. A lo mejor por haber sido niño de pueblo y saber el daño que hacen los chismorreos, hace mucho tiempo que me esfuerzo en hacer diariamente un ejercicio de tolerancia. No prejuiciar, no menospreciar, no criticar, respetar las diferencias. Y dejar que las personas al final te defrauden porque, bueno, no pasa nada.

¿Y cómo es el Benito amante?

No bueno, no soy aconsejable. Lo de Groucho Marx: yo no sería socio de un club que me admitiera. Por qué tiene que aguantarme una mujer, si no ha cometido ningún pecado para merecerlo.

¿Qué le atrae en una mujer?

Eso es muy variado. Soy fanático de las mujeres y me encantan todas; en todos los sentidos.

Pero tendrá sus preferencias.

Me gustan en lo carnal y lo emocional. Estoy convencido de que la mujer es veinte veces más interesante que el hombre, me encantaría probarlas todas, y de todas las clases. Mis mejores amigas son mujeres, los hombres no me interesan en ningún aspecto. Soy andaluz: algo de moro debo de tener. Y si quieres saber qué parte del cuerpo de mujer más me gusta, la canal de sus pechos. Había unas sevillanas que decían: en la canal de tus pechos, yo sembraría maíz? No hay nada más maravilloso que una buena canal, yo me perdería allí. Si alguien me busca, que me encuentre en la canal de unos pechos de mujer.

Cuando usted hace decir a ese personaje cubano «voy a reivindicar nuestro derecho a la utopía», ¿está hablando por su boca?

En honor a la verdad es un guión coescrito con Ernesto Chaos, un amigo mío cubano de la Escuela de Cine, y creo que esa frase es de él. Pero, vamos, que yo la suscribo. Por completo. Yo creo que todos los días hay que reivindicar el derecho a la utopía. Y al delirio.

Madre mía, qué hermosura acaba de soltar.

¿Y qué hacemos, si no? ¿Si se jode todo, si mañana sabemos lo que va a pasar y que todo seguirá como hasta ahora, a qué nos vamos a agarrar, si no?

¿Qué le asusta más que ninguna otra cosa en el mundo?

El vacío. El vacío ese grandísimo, terrible, de levantarme por la mañana y no tener ninguna ilusión. Porque sin ilusión, ¿qué haces?, ¿para qué te levantas? Es lo que más me asusta de estas épocas de transición cuando no tienes proyectos, ni rodajes, ni sabes qué es lo próximo que vas a hacer. Te despiertas en una habitación de hotel, miras alrededor y piensas: hostias, ¿qué hago yo aquí? Lo que me asusta verdaderamente es eso, la apatía.

Es la última pregunta, ¿cómo se imagina de viejo? ¿Un Séneca, un viejo verde, un gruñón?

¡De viejo?! Huy, la única imagen que tengo de viejo es sentado en una mecedora, una buena mecedora; cerca de unos olivos o unos naranjos, pisando tierra. Y rodeado de mis nietos, muchos, charrando sin parar con ellos. Y oye, pareces bruja: es una imagen que me viene muchas veces, lo mismo dormido que despierto.

Datos informativos

Fecha inicio : 31-03-2005

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