DATOS DEL EVENTO

  • EMPIEZA
    26-10-2010
  • TERMINA
    01-01-1970

INTERVIENEN
MARITINA HERNÁNDEZ MIÑANA
. Consellera de Agricultura Pesca y Alimentación
GUILLERMO MORATAL CLOQUELL. Presidente de CEDER Aitana y de la Red Valenciana de Desarrollo Rural
MARTA GARCÍA CHICO. (Grupo Aranea). Ingeniera agrónoma y coordinadora del proyecto

PRESENTA
JORDI SÁNCHEZ NAVAS
. Director del Club INFORMACIÓN y editor del libro


MARITINA HERNÁNDEZ PRESENTA EL LIBRO PATRIMONIO Y PAISAJE DE LA MONTAÑA DE ALICANTE

El Club INFORMACIÓN acoge esta tarde, a partir de las 20.00 horas, la presentación del libro «Patrimonio y Paisaje de la Montaña de Alicante», editado por el Centro de Desarrollo Rural (CEDER) Aitana, con un acto en el que participa la consellera de Agricultura, Pesca y Alimentación, Maritina Hernández, autora del prólogo de este estudio sobre las relaciones entre los conjuntos patrimoniales y las unidades paisajísticas de las zonas rurales de la provincia de Alicante. Se espera la asistencia de alcaldes y representantes institucionales de 50 municipios de la zona.
La publicación es el fruto de un proyecto enmarcado dentro del programa Leader + de la Unión Europea, en el que más de una decena de especialistas de diversas disciplinas han invertido dos años de trabajo.
Entre los autores del proyecto se incluyen la ingeniera agrónoma, Marta García Chico, quien ha coordinado los trabajos en colaboración con el director del Club INFORMACION, Jordi Sánchez Navas, el escritor y geógrafo, José Manuel Almerich, el arquitecto y reciente premio FAD de arquitectura, Francisco Leiva, el arqueólogo, Gabriel Guillem, el sociólogo Jordi Quiñonero, el estudio de diseño Barbarela y el fotógrafo Román Rodríguez, cuyos trabajos serán proyectados en el transcurso de la presentación del libro a través de un audiovisual.
Se trata de un obra colectiva, que ha contado con el asesoramiento del director de la Red Valenciana de Desarrollo Rural (FEVADER), Juan Pedro Salas, y en la que se se abordan las interrelaciones entre el paisaje y el patrimonio a una escala territorial.
«Hemos buscado deliberadamente evitar las convenciones descriptivas y profundizar, a través de fichas, mapas, entrevistas con vecinos y textos analíticos, el complejo entramado de interdependencias que se establece entre los recursos patrimoniales del mundo rural y su expresión como paisaje y, por tanto, como bien de derecho público», explica Jordi Sánchez Navas, responsable de la edición.
Para Juan Pedro Salas, ex director de CEDER Aitana y actual responsable de FEVADER, «la razón de ser de este libro conecta con la Estrategia Ruralter de la Generalitat Valenciana, que promueve el desarrollo rural como una apuesta integral por el territorio, en la que confluyen aspectos productivos, sociales, culturales y paisajísticos».
La presentación contará con las intervenciones del presidente de FEVADER, Guillermo Moratal, y de la coordinadora del proyecto, Marta García Chico, y al término del acto se hará entrega a los asistentes de un ejemplar del libro y se degustará una selección de productos típicos de la montaña de Alicante. Al cierre de esta edición habían confirmado su asistencia medio centenar de representantes de la zona, incluyendo alcaldes y miembros de la Junta Directiva del CEDER Aitana.


EL PAISAJE COMO MODO DE VIDA
M. VILAPLANA

El Club INFORMACIÓN acogió ayer la presentación del libro Patrimonio y Paisaje de la Montaña de Alicante, editado por el Centro de Desarrollo Rural (CEDER) Aitana. La obra trata de aproximarse al patrimonio cultural y paisajístico generado por la actividad humana en un territorio del interior de la provincia configurado por  municipios y . habitantes. La consellera de Cultura, Maritina Hernández, fue la encargada de presidir el acto, subrayando la importancia de aprovechar la potencialidad económica del paisaje, sin romper el equilibrio con la naturaleza.
En un salón de actos repleto de público, la ingeniera agrónoma Marta García Chico, quien ha coordinado el proyecto junto a Jordi Sánchez Navas, director del Club INFORMACIÓN, explicó que la obra trata de mostrar dos formas complementarias de mirar la realidad patrimonial. «Una, más subjetiva y personal, habla del paisaje como resultado vivo de incontables procesos en los que el hombre ha interactuado con la naturaleza. La otra, más racional y descriptiva, detiene su atención en cada uno de los elementos patrimoniales que atestiguan esa actividad humana», señaló.
Así las cosas, en la parte del libro denominada Unidades Paisajísticas, García manifestó que «nos encontramos con una secuencia de miradas que nos conducen por los valles y sierras que forman la Montaña de Alicante». En concreto, se hace referencia a la Vall de Perpuxent, Vall de Gallinera, Baronia de Planes, Barranc de Frainos y Vall de Guadalest, ofreciendo a los lectores un resumen histórico y patrimonial de cada zona, con imágenes y entrevistas a habitantes de estos lugares.
Respecto a la segunda parte, denominada Conjuntos Patrimoniales, Marta García dijo que «nos conduce por el camino inverso, adentrándonos primero en cada una de las huellas que el hombre ha ido dejando a través de su relación con el entorno, hasta llegar al entendimiento de estos paisajes como el resultado de la interacción de todas ellas». Esta sección se presenta como una guía práctica en la que se hace referencia a los poblados moriscos, los castillos y torres defensivas, las masías y viviendas tradicionales, los conjuntos urbanos, la arquitectura en piedra seca, los pozos de nieve, el patrimonio hidráulico, las almazaras y cooperativas y el patrimonio industrial. También aparecen caminos, sendas y rutas, sin olvidar el arte rupestre, la arquitectura religiosa y los monumentos naturales.
La consellera de Agricultura, Maritina Hernández, subrayó la importancia del patrimonio como un factor generador de nuevas iniciativas de desarrollo económico y social. En este sentido, invitó a los habitantes de esas zonas a «aprovechar la potencialidad económica del paisaje, aunque sin romper el equilibrio con la naturaleza». Con todo, añadió que «el verdadero patrimonio de los pueblos son sus gentes», y destacó que, siempre dentro de unos límites, «lo principal es que en estos paisajes puedan vivir y desarrollar sus actividades».
Insistiendo en esta línea, Hernández resaltó los programas de ayudas impulsados por la Generalitat y la UE, dentro de la estrategia Ruralter, para rehabilitar el patrimonio, potenciar la creación de empresas y el turismo, e impulsar las actividades agrícolas.
El presidente del CEDER y de la Federación Valenciana de Desarrollo Rural, Guillermo Moratal, a la vez que alcalde de L´Orxa, destacó que «los pueblos hemos sabido conservar el paisaje y es la principal riqueza que tenemos». En la confección del libro también han intervenido el estritor y geógrafo José Manuel Almerich; el arquitecto y reciente premio FAD de arquitectura Francisco Leiva; el arqueólogo Gabriel Guillem; el
sociólogo Jordi Quiñonero; el estudio de diseño Barbarela; y el fotógrafo Román Rodríguez.


INTRODUCCIÓN

Marta García Chico
Ingeniera Agrónoma Paisajista
Grupo Aranea

La Montaña de Alicante nos traslada a otros tiempos, a otros ritmos, a otros valores. Cada uno de sus rincones nos habla de las distintas sociedades que poblaron este territorio y lo modificaron lenta y respetuosamente para poder habitarlo. Durante siglos, generación tras generación, cultura tras cultura, todos tuvieron en común la necesidad de pactar con la naturaleza una convivencia pacífica. Ese equilibrio se rompió no hace mucho.

Paisaje y Patrimonio de la Montaña de Alicante trata de aproximarse al patrimonio cultural, principalmente construido, generado por la actividad humana en el territorio denominado como “la Montaña de Alicante”. Nos encontramos ante un ámbito fuertemente antropizado donde el paisaje aparece como la máxima manifestación externa de esta acción del hombre acumulada a lo largo de los tiempos. Ya sean valles, sierras o barrancos, allá donde detengamos nuestra mirada, encontramos testimonios de la intensa coexistencia del hombre con esa naturaleza no siempre amable. Este paisaje resultante, además de mostrarse como clave de esos procesos internos que tienen lugar en el territorio, ha ido adquiriendo a su vez la categoría de bien patrimonial como elemento percibido y valorado, como recurso en sí mismo, que debe ser tenido en cuenta a la hora de una planificación territorial. El paisaje nace en cada mirada, en cada momento, y es distinto para cada observador. Sin embargo, existe un imaginario colectivo que da valor a determinados paisajes y es entonces cuando pueden pasar a ser, a su vez, recurso económico.
Esta obra trata de mostrar dos formas complementarias de mirar a esa misma realidad. Dos puntos de partida que acaban llevándonos por distintos recorridos hasta ese tesoro heredado.

Una, más subjetiva y personal, habla del Paisaje como resultado vivo de incontables procesos en los que el hombre ha interactuado con la naturaleza; la otra, más racional y descriptiva, detiene su atención en cada uno de estos elementos patrimoniales que atestiguan esa actividad humana.

Estas dos maneras de mirar se han traducido en la publicación en dos partes claramente diferenciadas tanto en el formato de diseño como en el tratamiento de sus textos, ilustraciones e imágenes.

En Unidades Paisajísticas nos iremos encontrando con una secuencia de miradas que nos van a conducir por los valles y sierras que forman la Montaña de Alicante. Los autores nos trasladan su percepción de estos territorios a través del dibujo, la narración, la fotografía y la entrevista. Cada unidad paisajística termina con un mapa que invita al lector a visitarla y a completar la lectura con su propia mirada.

Esta delimitación en unidades paisajísticas no coincide en la mayoría de los casos con los límites administrativos, sino que responde más a un planteamiento paisajístico del territorio. Se trata de una delimitación que nace, en ocasiones, de criterios orográficos, otras, históricos e incluso sociales, y, en su mayoría, de la suma de todos ellos. Cada unidad de paisaje es percibida por sus habitantes como un territorio diferenciado con una identidad propia y, al igual que el paisaje, no es estática y objetiva, sino que evoluciona y se transforma. Las unidades paisajísticas definidas en este trabajo no deben ser tomadas de manera estricta sino como una primera aproximación a una estructuración del territorio más acorde con la puesta en valor de un paisaje en riesgo de desaparición.

Conjuntos Patrimoniales nos conduce por el camino inverso, adentrándonos primero en cada una de las huellas que el hombre ha ido dejando a través de su relación con el entorno, hasta llegar al entendimiento de estos paisajes como el resultado de la interacción de todas ellas. Los habitantes de este territorio han ido modificándolo durante siglos en un proceso de adaptación compartida: Habitar, Producir, Comunicar y Sentir, son cuatro “cajones” no estancos que nos van a facilitar la organización de ese nutrido legado. Dentro de cada “cajón” agruparemos los elementos patrimoniales por conjuntos temáticos, algunos muy concretos y otros más genéricos, pero siempre unidos por un hilo argumental.

Toda esta estructuración no es más que una herramienta que nos permitirá ordenar la información en compartimientos ficticios en los que, en más de una ocasión, un mismo elemento podría aparecer dentro de varios conjuntos o varios cajones. Las fichas que documentan cada conjunto patrimonial son una muestra de las distintas tipologías que podemos encontrar en el ámbito estudiado, reseñando, a su vez, aquellos elementos que destacan por su singularidad. La imposibilidad de dar una información más extensa y detallada en una publicación de estas características se suple mediante la inclusión de una bibliografía que permitirán al lector interesado indagar en fuentes específicas.

En este segundo acercamiento a la Montaña de Alicante intentamos, en la medida de lo posible, dejar de lado nuestra mirada más personal para dar paso a datos que describan de manera más objetiva este patrimonio organizado en conjuntos patrimoniales.

Este primer tomo no hace más que ofrecernos una tímida selección dentro de la gran riqueza que podemos encontrar en la Montaña de Alicante, selección que esperamos sea completada en los siguientes volúmenes en los que se tratará el resto de conjuntos patrimoniales y unidades paisajísticas que configuran este vivo territorio.


EL PAISAJE RURAL ALICANTINO COMO FUENTE DE PODER

Jordi Navas
Licenciado en Geografía e Historia y periodista

“Space is fundamental in any form of communal life; space is fundamental in any exercise of power”
Michel Foucault
Space, knowledge and power [1984]

Un paisaje se construye a partir de miradas. La Montaña de Alicante es objeto de ellas y su apreciación, punto de vista y relevancia han condicionado los mecanismos de intervención a lo largo de siglos. La naturaleza feraz sobrevive bajo formas eternas, pero desde que las sociedades del paleolítico final y de los albores del neolítico comenzaron a dejar su huella indeleble en los abrigos de La Sarga o de Pla de Petracos existe una construcción cultural del paisaje condicionada por el despliegue de la historia.
Paisaje y patrimonio han ido, por tanto, de la mano como objeto y sujeto de los sistemas de representación que han orquestado el sentido de valor dado a este conjunto de valles y sierras. Desafortunadamente, la escasa visibilidad de una realidad geográfica desplazada del imaginario social por la noción horizontal del turismo de costa ha arrumbado en un olvidado desván buena parte del componente estético y cultural de las montañas alicantinas.

Pero el paisaje ha vuelto, vestido con sus márgenes de piedra seca, regado por sus milenarias acequias y engalanado con solitarias ermitas, prístinos lavaderos y racionales masías. Su regreso no tiene tanto que ver con la reivindicación de una belleza pérdida, sino con el peligro y la alarma que años de urbanismo sin cuartel han despertado en las conciencias. Un miedo a no tener, a no ser. No se trata ya de un capricho de los sentidos o de la veleidad de lo sensible. Es algo más serio y preocupante. Se trata del derecho de una sociedad y de sus ciudadanos a disfrutar de aquellos elementos que crean un sentido de valor al lugar en que se habita. Una simple y llana cuestión de identidad aplicada al territorio.

El paisaje encuentra en esa matriz territorial el fundamento de una estrategia de reconocimiento, conservación, uso y disfrute. Pero su reivindicación como bien público y social, cuya carta de naturaleza quedó instituida a través del Convenio Europeo del Paisaje, no es sólo una cuestión retrospectiva. El futuro de muchos territorios pasa de forma ineluctable por la interpretación inteligente de las potencialidades que derivan de ese caldo primigenio de la innovación y la competitividad que son los recursos ambientales y culturales.

Al igual que sucede con las ciudades, cada vez más conectadas a redes complejas de valor en las que interactúan estrategia económica, cohesión, desarrollo social y medio ambiente, las zonas rurales sólo pueden salir de la encrucijada de las nuevas realidades globales explorando su propio perfil. A pesar de hallarse semidesactivadas por la despoblación y por su corolario de desertización socioeconómica, estos pueblos fían la supervivencia en la capacidad de reinventarse a través de proyectos de innovación territorial basados en los datos y sistemas que confluyen en su identidad.

Son muchos los proyectos que han creado estrategias en este sentido con un elevado nivel de éxito. Es el caso de Paisajes y arquitecturas del vino, una propuesta desarrollada en el marco del Congreso Munidal de ISOCARP (International Society of City and Regional Planners) y cuyos frutos han situado a la localidad de Haro como capital del Rioja, a partir de estrategias que van del Land Art a la creación de corredores ecológicos.

Esta interpretación del paisaje como valor esencial y activo principal de un territorio ha obligado a su toma en consideración desde la administración y por parte de los agentes sociales que intervienen en él. El libro Paisaje y patrimonio en la Montaña de Alicante nace con la vocación de inscribirse en este proceso de consolidación del paisaje como fuente de recursos y bien de orden superior, a partir del cual se declinan las intervenciones urbanísticas y los procesos sociales y económicos.

Y sin querer hacer tabla rasa de las infinitas y múltiples miradas que lo han constituido como hecho cultural, más bien tomándolas en cuenta, pretende convertirse en un documento de síntesis para situarse en esa misma perspectiva territorial.

Por ello se apoya en una interpretación holística de los recursos patrimoniales, que cobran entidad física a través del hecho geográfico y constituyen conjuntos, que a su vez se insertan en unidades paisajisticas complejas. Éstas generan una cartografía y unas interpretaciones que han de servir para superar el sistema de valoración local y guiar esfuerzos de cooperación interterritorial, para evitar la perniciosa visión fragmentaria del interés común.

No quiere decir ello que se suprima el valor de lo local, muy al contrario. Lo comunitario se apoya en la creatividad de la vida cotidiana y, por tanto, toda la visión del patrimonio pasa por el filtro de la inteligencia colectiva que está en la esencia de cada pueblo. Reflejo de esta perspectiva son las entrevistas que jalonan la obra y cuyos protagonistas revelan una cartografía personal hecha de retazos de orden colectivo y de afán particular.

Por un lado, la lógica consuetudinaria impregna la sociabilidad de los pueblos e instaura mecanismos de autorregulación del orden local, tan eficaces como vigentes. Por otro, las motivaciones de orden individual dejan surcos indelebles en la faz de las comarcas rurales y son el motor de las trasformaciones sociales y culturales.

Una propuesta de abajo hacia arriba
La propuesta no consiste en imponer modelos exógenos o registros de valor diseñados en los laboratorios institucionales de Bruselas, Madrid o Valencia. Tampoco pretende aferrarse a un determinado canon cultural aplicado desde plataformas ideológicas, sino recopilar una importante cantidad de datos y procesarlos con el fin de crear lecturas posibles y útiles del paisaje y de los elementos patrimoniales que lo integran y definen.

Para llevar a cabo estas lecturas, estos itinerarios comprensivos, no basta con realizar un escrupuloso trabajo de campo. También hay que tomar en cuenta el marco normativo y reglamentario que a lo largo de los últimos años ha venido desarrollándose en la Comunidad Valenciana.

Un marco que tuvo dos hitos singulares en 2004, cuando se aprobó la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje y se firmó la adhesión al Convenio Europeo del Paisaje. Desde entonces y hasta la fecha, el Gobierno Valenciano ha completado una serie de pasos y medidas para convertir al paisaje en una referencia presente en el diseño de la ordenación territorial y urbanística, al tiempo que vinculada a las políticas agrícolas, medioambientales, sociales, económicas y culturales que se declinan desde los diferentes niveles de la administración pública.

Fruto de este esfuerzo fue la creación en julio de 2007 de la Dirección General de Paisaje en el seno de la Conselleria de Medi Ambient, Aigua, Urbanisme i Habitatge o la inminente constitución del Instituto del Paisaje de la Generalitat Valenciana.

Más allá de la aplicación de las figuras e instrumentos que hagan efectivo el cumplimiento de las políticas sobre el paisaje, como los Estudios de Paisaje que han de acompañar de forma preceptiva a los Planes de Acción Territorial y a los Planes Generales de Ordenación Urbana o los Estudios de Integración Paisajística, obligatorios para la aprobación de planes parciales y otras intervenciones urbanísticas, esta suerte de revolución del paisaje ha terminado por provocar un vuelco en la concepción de los procesos sociales y económicos que inciden en el territorio y las políticas públicas que los guían.

En este sentido, la Conselleria de Medio Ambiente, Aigua, Urbanisme i Habitatge está promoviendo una estrategia territorial valenciana que consolidaría los Planes de Acción Territorial como directrices de rango superior. Incluso se han dejado oír voces, como la de los arquitectos urbanistas, integrados en el grupo de debate que analiza la futura estrategia territorial, quienes proponen replantear todo el aparato administrativo, desde la estructura municipal hasta el cuerpo legislativo vigente y la temporización del planeamiento, en aras de una nueva lógica desde la que intervenir en el territorio.

Se vislumbra un horizonte en el que el interés público deba validarse en la escala territorial y que hace especialmente necesarios trabajos que pongan en relación la singularidad del hecho patrimonial con el valor del paisaje como referencia de sentido, a partir de sus componentes físicos y culturales.


LA MONTAÑA DE ALICANTE: RELACIONES ENTRE ARTE Y PAISAJE

“La tierra nos enseña más sobre nuestra propia Naturaleza que todos los libros, porque se nos resiste”

Como muchas grandes obras, Tierra de hombres, el libro con el que Saint-Exupéry desnudó nuestros paisajes desde su avioneta postal, arranca con una frase lapidaria. Setenta años después de su publicación, esta afirmación, alumbrada, quizá, en algún vuelo con origen o destino en los hangares de San Vicente del Raspeig, sigue representando un buen punto de partida para abordar la relación entre el paisaje y la mano que lo acaricia o lo agrede. La idea del paisaje como obstáculo, como desafío nocturno, como cofre secreto que hemos de desentrañar, se vuelve el motor de una lucha iniciática que los hombres acometen armados con “el arado o el cepillo del carpintero”. El resultado de las mil batallas libradas en el transcurso de los siglos y la épica que desprende es palpable en las casi inaccesibles estribaciones de las sierras alicantinas, donde se remontan inexplicables bancales sólo entendibles por la necesidad de extraer hasta el último fruto de la tierra. Sin embargo, el punto de partida de Paisaje y Patrimonio en la Montaña de Alicante nos traslada a otro tipo de lucha, más moderna e inexorable. La de la aniquilación del paisaje por una ambición de riqueza que no reconoce al territorio su condición de noble rival, de interlocutor en la lucha por la supervivencia, de esencia y parte de nosotros mismos. Como en los más terribles holocaustos que han conocido las sociedades modernas, la ausencia de reconocimiento sólo puede llevar al desastre y, por lo tanto, a un exterminio de la condición de paisaje, como hecho cultural y como dominio de derecho público. Sin caer en el catastrofismo, la presión urbanística ha rozado por momentos ese escenario. El trabajo prospectivo realizado por los diversos autores del presente libro, y por todos aquellos que forman con su mirada nuestras montañas, sirve para construir, derribar y reconstruir de nuevo el discurso del paisaje y para restaurar esa dialéctica eterna, ese equilibrio de fuerzas, que pone a salvo de la destrucción. No sólo de la que propician las grúas y sus excrecencias adosadas, sino la que devuelve la propia naturaleza en forma de riadas devastadoras y de otros fenómenos naturales, producto del abandono del campo y de las zonas altas de nuestra geografía.

O como dice el poeta Antonio Colinas en Los días en la isla:

“La naturaleza acepta de muy mala gana la intervención del hombre. Ha sido ella la que ha impuesto impetuosamente sus vientos, sus lluvias y sus torrenteras. Cuando la agresión del hombre no es continua y brusca la naturaleza siempre gana las batallas de la armonía y de lo bello”.

Tal vez sean los artistas los que mejor han entendido esa dialéctica y por ello el arte ha jugado un papel clave en la definición y popularización del paisaje. De alguna manera, todas las intervenciones que acoge el territorio y que han condicionado los registros de valor desde los que hoy se reivindica su conservación, comparten un idéntico planteamiento seminal. Una idea que nace de la tensión entre esa resistencia natural a vencer de la que habla Saint-Exupéry y la energía conformadora de lo que el paisaje es y de lo que los hombres conseguimos al apropiarnos de él.

En cierta medida, la historia del arte recoge este diálogo y los discursos estéticos no dejan de ser conceptos sobre la naturaleza, que construyen y deconstruyen la idea de paisaje.

Algo de ello debió intuir Picasso cuando en 1906 llegó a Gosol, una pequeña aldea del interior de Cataluña situada en los contrafuertes del Pedraforca y la montaña de Cloterons. Frente a otros grandes creadores ligados a las vanguardias históricas, que fundamentaron modelos artísticos gracias al marco escénico de las grandes ciudades, el artista malagueño se autoimpuso el distanciamiento de los grandes focos de contaminación cultural, el exilio voluntario de la urbe, como fórmula para el despegue hacia nuevas formas de creatividad.

Aquellos meses entre bueyes y campesinos, entre prismas terrosos que representaban casas, balsas, lavaderos y montañas, desembocó, a su regreso a París, en el Retrato de Gertrud Stein y en Les demoiselles d´Avignon.

El exilio artístico y el choque con los aspectos fenomenológicos del arte a través de la dialéctica física con la naturalaza han sido y serán una fuente inagotable de energía para la creación y un antídoto frente al confinamiento cultural que representan los museos y los dogmas curatoriales, tan en boga hoy en día.
Ya lo decía Paul Cézanne: “¡Pintar bien es muy difícil! ¿Cómo enfrentarse a la naturaleza sin tapujos? Fíjese, entre ese árbol y nosotros hay un espacio, una atmósfera, un recuerdo, pero luego nos tropezamos con el tronco, palpable, resistente, con ese cuerpo (.) ¡Ver como un recién nacido (.) Hoy tenemos la vista algo cansada, engañada por el recuerdo de mil imágenes. ¡Y esos museos, y los cuadros de los museos! (.)¡Y las exposiciones! (.) Ya no vemos la naturaleza; vemos los cuadros una y otra vez”.

Estas palabras seguían resonando todavía en el mundo del arte casi 70 años después, cuando la Dwan Gallery de Nueva York acogió la que puede considerarse la primera exposición dedicada íntegramente al Land Art. Uno de los artistas presentes en la muestra y, a la sazón, autor del artículo más destacado del catálogo de la misma, Robert Smithson se convertiría más tarde en el padre de la teoría del confinamiento cultural, que volvía sobre los pasos de Cézanne.

“I am for an art that takes into account the direct effect of the elements as they exist form day to day apart from representation”, explicaba Smithson en el catálogo de la Documenta 5 de Kassel, en 1972.

Crear un sistema de representación para negarlo y volver a mirar de frente a la naturaleza. Bajo esta perspectiva, el patrimonio que reproduce e integra el paisaje, incluso el que se muestra bajo la apariencia de hechos puramente físicos, forma parte de esa visión de lo que nos rodea que han contribuido a construir los artistas.

De lo pintoresco a la sublime, el paisaje se ha convertido en fuente inagotable de teoría estética a partir de sus relaciones con ideas sobre lo espiritual, lo físico, lo social y lo político. Pero las relaciones que entablan arte y naturaleza han ido poco a poco abandonando el terreno de la especulación intelectual para concretarse en intervenciones directas sobre el paisaje, las cuales a su vez han propiciado unas categorías que relacionan la obra y el lugar. Rastreando esos modelos de acción que el Land Art ha acuñado a partir de la experiencia artística y la reflexión crítica se despliegan siete procesos de actuación. Por medio de ellos tratamos de definir las interrelaciones entre el paisaje y los elementos y conjuntos patrimoniales analizados en este libro.

Intervención

Existe un componente fundacional en algunas de las intervenciones que, fruto de la acción humana, han recreado el territorio, no sólo como dispositivo cultural, sino también como realidad física. El concepto de paisaje, tal como lo definen los diccionarios desde hace más de 300 años, nos remite a la vista de una porción de tierra o incluso a la interpretación que el pintor hace de esa vista. De forma más reciente, la idea de paisaje ha servido para reforzar nuestra posición central en el mundo a través de un complejo entramado de metáforas que arropaban el diseño social, político y cultural. Así nacieron el paisaje poético, el paisaje de los sueños, el paisaje del pensamiento, el paisaje político de la OTAN o el paisaje publicitario. Sin embargo el paisaje es, ha sido y será por encima de todo algo más que una carta comodín de nuestro mundo privado, del microcosmos individual. El paisaje, como afirma John Brinckerhoff Jackson, “is a concrete, three-dimensional shared reality”.

La herencia árabe, por ejemplo, encuentra un ámbito de expresión material en el sistema de fuentes, aljibes, lavaderos, norias, canat, azudes, balnearios, balsas, acueductos, cisternas, azarbes, acequias, motores de riego, embalses, presas y molinos que constituyen el patrimonio hidráulico presente en muchas comarcas alicantinas. La poética local nos remite a los lejanos tiempos de la conquista de Jaime I y de su mítico rival Al Azraq, con su retahíla de imágenes consagradas por los artistas del romanticismo y por los mantenedores de las fiestas populares que recorren de norte a sur y de este a oeste la geografía municipal de la provincia de Alicante. Sin embargo, la incidencia fundamental de este hecho patrimonial tiene que ver con una transformación esencial del territorio, convertido en un espacio funcional adaptado a las necesidades productivas del regadío, que resulta indisociable de la propia naturaleza y de los seres que la habitan, incluida la especie humana.

Integración

Los procesos contraculturales de los años 60 y 70 dieron origen a una visión del Land Art y de sus intervenciones que cuestionaba el carácter masivo y devastador de las estructuras sociales y económicas del capitalismo. Artistas como Smithson, De Maria, Heizer, Oppenheim, al igual que los autores de la Generación Beat, reivindicaron la grandeza primordial de la naturaleza y el papel del hombre como pionero. El desierto y las montañas se convirtieron en el paisaje por excelencia y los espacios abiertos dieron cabida al artista que convergía con la naturaleza en una comunión esencialista y casi mítica. Bajo esta perspectiva hay muchos elementos patrimoniales que se despliegan en el paisaje mediante una suerte de complicidad. Esta fuerza empática se revela constante y duradera en el tiempo y a través de ella se difuminan las fronteras entre el artificio y lo natural. El caso más notable, y también el más extendido, coherente y unificador, es el de los bancales o márgenes realizados en piedra seca. Como las líneas de una huella dactilar, estas intervenciones componen el dibujo de la identidad del territorio desde los Pirineos hasta el sur de Alicante, pasando por la sierra de Tramuntana en Mallorca. Su génesis es siempre la misma: el afán individual por ganar tierra de labranza al monte, el recurso a la materia más inmediata, la piedra, y la belleza como reflejo formal de una honestidad inherente al trabajo manual. En pocos lugares la piedra seca y las montañas se funden con un abrazo tan intenso como en la Montaña de Alicante. En estas páginas encontraremos el testimonio de un marginador profesional, aunque la lógica de la piedra está presente en todos y cada uno de los hombres vinculados a la tierra.

Interrupción

Muchas de las formas de apropiación del paisaje usadas por los artistas contemporáneos guardan un componente de irracionalidad y experimentación que cuesta hallar en los vestigios del pasado y en la lógica histórica con la que los hilvanamos. Pero lo cierto es que el encuentro con el elemento patrimonial se produce con frecuencia desde el asombro ante lo inesperado, y de ello pueden dar cuenta los autores de las próximas páginas. ¿Qué sentido se puede dar al caprichoso despliegue del patrimonio etnobotánico y de la red hídrica de la Sierra de Mariola, fruto de la existencia de unas peculiares condiciones del subsuelo? Más bien es la indeterminación y la contingencia geomorfológica la que explica una variedad de ecosistemas única y la riqueza patrimonial que los usos tradicionales asociados a estas condiciones biogeográficas han ido propiciando en el territorio. Desde esta perspectiva, los asentamientos neolíticos, del bronce e ibéricos, los castillos, cavas, masos, fuentes, hornos de cal y otras construcciones surgen, se distribuyen y configuran como fruto de un azaroso sistema de discontinuidades propiciado por la interacción de sustancias como el agua y de los diferentes estados que esta materia adopta. Nevaters, maseros, cazadores, leñadores, carboneros, pastores, o simples caminantes serían, de algún modo, los artistas y demiurgos de la acción sobre el paisaje, al fecundarlo con una intervención sujeta igualmente a ritmos indeterminados que se superponen a los ciclos climáticos y agrícolas más estables.

Implicación

Richard Long se autoproclamaba un “custodio de la naturaleza, no un explorador de ella”. Existe un nivel de intervención que se relaciona con la naturaleza a partir de una implicación con las condiciones sociales del medio. Quizá el plano de las comunicaciones sea el que mejor expresa unas actuaciones que enlazan con conceptos como la deriva situacionista.

El hecho de dejarse llevar por el terreno y experimentar a través de él un nuevo estadio de percepción y de conciencia es algo que constituye una invitación permanente de la montaña alicantina gracias a la infinita red de sendas, vías pecuarias, caminos forestales y carreteros que tapizan el paisaje.

Algunos de ellos, como el “camí del correuers”, que permitía transportar la correspondencia entre los municipios de Callosa d´Ensarrià y Castell de Castells hasta mediados del siglo XX, han encontrado recientemente nuevos usos gracias la iniciativa de empresarios de turismo rural.
Implementación.

Desde hace algunos años, la idea de una actuación en el paisaje como herramienta lírica de producción estética ha comenzado a verse acompañada por un auge del pragmatismo. Estos procesos, que en nuestro momento histórico se relacionan con una diversificación democrática y una creciente conexión de teoría crítica y actividad funcional, se justifican retrospectivamente a partir de premisas socioeconómicas diferentes. Como ejemplo de lo que hoy día significa un proceso de implementación artística en el paisaje se pueden citar intervenciones relacionadas con las políticas de reutilización. El caso de los vertederos es quizá la más llamativa. El World Architecture Festival (WAF), cuya primera edición se clausuró a finales de 2008 en Barcelona, concedió uno de sus premios a la restauración paisajística del depósito controlado del Vall d´en Joan, en el Garraf, de Enric Batlle y Joan Roig. El jurado que concede los premios estuvo presidido por sir Norman Foster y galardonó a 17 proyectos de arquitectura seleccionados entre 224 de 63 países. Según el jurado, la recuperación del vertedero del Garraf representa “un perfecto ejemplo de cómo se puede devolver a la vida una naturaleza muerta y convertir los desechos en una hermosa obra de arquitectura paisajística”. Una vez más, las actuaciones analizadas en el marco de la montaña alicantina desvelan trazas de este tipo de relaciones entre el hecho patrimonial y la configuración del paisaje.

El funcionalismo y la acción práctica han sido una constante a lo largo de la historia y muchas de las piezas documentadas en el presente estudio constituyen artefactos cuya belleza deviene de una inteligencia basada en la conservación, la reutilización y el aprovechamiento de los recursos. Es el caso del sistema de almazaras, bodegas y depósitos repartidos por los municipios alicantinos. La extensión y constancia de su implementación han permitido el posterior desarrollo del cooperativismo rural, principal estructura social y económica, que ha servido para democratizar los servicios agrícolas y acceder a economías de escala basadas en la eficiencia.

Imaginación

En muchas ocasiones el paisaje se convierte en un elemento periférico sobre el que se actúa desde una lógica conceptual. Hoy en día, ciertas formas de creación parten de la idea de paisaje más que de la expresión material del mismo. Las galerías y ferias de arte se nutren de escritos, fotografías y diagramas que exploran aspectos como el tiempo, el espacio, la distancia, la geografía, las migraciones o las creencias. El arte rupestre levantino, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1998, constituye la versión patrimonial de esta vertiente imaginativa del paisaje. Centenares de abrigos repartidos por todas las sierras del interior de la provincia de Alicante se convierten en soporte de un repertorio de ilustraciones destinado a codificar la naturaleza a través del lenguaje artístico. El arte macroesquemático, con sus referencias al ámbito de la fertilidad y de los ciclos agrícolas, constituye la expresión más elevada de esta apropiación simbólica de elementos del paisaje.

Iluminación

Como muchas de las modernas intervenciones de Land Art, las producciones ancestrales que salpican el paisaje de la montaña alicantina son escasamente visitadas. La diseminación y ausencia de formatos susceptibles de ser aprehendidos convierte a las referencias de valor de un territorio en objetos diferidos, a los que se accede a través de una mediación. La realidad que se nos muestra es siempre interpretada. De alguna manera, los museos y colecciones repartidos por la geografía de la montaña no son el sujeto del paisaje y de sus producciones, sino una forma de homenaje. Pero al mismo tiempo reproducen estrategias de control sobre la realidad. Administran la memoria y el pasado, iluminan los datos y, en definitiva, se convierten en parte de lo que representan a través de la vía indirecta de dar significado.

Conclusión

El presente estudio constituye un hito más en este proceso de iluminación. La transposición de valores que va del objeto a su representación se materializa como una forma de sacar a la luz algo que estaba fuera de foco. Existen múltiples perspectivas y modos de aproximación a esas realidades, que se ven amplificados y centrifugados por el carácter multidisciplinar del equipo que ha participado en la elaboración de Paisaje y Patrimonio en la Montaña de Alicante. Frente al canon de la singularidad y de la siempre discutible autenticidad, los autores hemos intentado dar prioridad a criterios relacionales, es decir, aquellos que tienden puentes entre valores de uso y de conservación. Así el conjunto de hitos paisajísticos que representan las foradás, presentes en buena parte de las cumbres alicantinas (La Safor, Gallinera, Serrella, Penáguila), adquieren especial relevancia a la luz de las interacciones pasadas y presentes que han desencadenado en las poblaciones locales y en los visitantes foráneos. Su vigencia es tal que alguna de ellas, como la ubicada en las alturas del Vall de Gallinera, ha sido postulada como una de las siete maravillas de la Comunidad Valenciana en un reciente concurso diseñado por publicistas.

El componente de actualidad y el potencial de puesta en valor de usos y referencias tradicionales deberían incorporarse como criterios para la integración de estos elementos del paisaje en categorías de protección establecidas desde las administraciones. Actualmente, en la Comunidad Valenciana, los “monumentos naturales” representan la única categoría de espacios protegidos que pone en relación costumbres seculares, valor patrimonial y potencial como recurso para usos turísticos regulados. Sorprende que sólo una ruta, El camí dels pelegrins de les Usares, ubicada en la comarca castellonense de l´Alcalatén, haya merecido hasta la fecha esta clasificación. Sin duda se trata de figuras de protección a aplicar y a desarrollar, pues combinan la fijación de factores de identidad sobre el paisaje, tanto físicos como culturales, al tiempo que abren un abanico de posibilidades para la experiencia y el contacto con los ciudadanos.

Este libro pretende aproximarse a la realidad, abordarla con respeto, pero sin dogmatismo. El paisaje de la montaña de Alicante y su vertiente patrimonial existen como hecho, pero también pueden ser recreados, imitados, provocados o falseados. Las fotografías que lo ilustran, obra de Román Rodríguez, son el testimonio gráfico del esfuerzo por lograr una aproximación coherente a esta realidad, pero sin imposturas de verosimilitud. Entramos al paisaje por la puerta de atrás de las sensaciones, la que de forma subrepticia nos abre la cultura y el pensamiento. Aceptarlo y exponerlo con honestidad ha sido nuestro objetivo. Esperamos contribuir con ello a una recepción actualizada de los mensajes de la naturaleza intervenida.

Datos informativos

Fecha inicio : 26-10-2010

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